Más allá del autocuidado convencional: De la evitación a la aceptación consciente

Cuando atravesamos momentos de malestar emocional, es muy común que busquemos refugio en actividades que socialmente asociamos con el autocuidado: dar un paseo, escuchar nuestra música favorita, tomar un baño relajante o quedar con amigos. En Ment Studio sabemos que estas acciones son valiosas y pueden aportarnos momentos de bienestar y calma. Sin embargo, desde la psicología clínica nos planteamos una pregunta fundamental: ¿qué función cumple realmente esa conducta en este momento preciso?

La trampa de la evitación experiencial

Si recurrimos a estas actividades con el objetivo principal de huir, adormecer o erradicar los sentimientos desagradables que estamos experimentando, es muy probable que no nos resulten tan reconfortantes. Al intentar escapar de nuestra propia experiencia interna, caemos en lo que en las Terapias de Tercera Generación (como la Terapia de Aceptación y Compromiso, ACT) denominamos evitación experiencial.

Este mecanismo suele encerrarnos en un bucle frustrante: cuanto más intentamos luchar contra lo que sentimos o distraernos a toda costa, más presente y pesado se vuelve el malestar. Pretender eliminar las emociones incómodas para poder «estar bien» suele ser, paradójicamente, lo que nos mantiene atrapados en ellas.

Cultivando la flexibilidad psicológica: El camino en Ment Studio

En nuestro equipo acompañamos a las personas a desarrollar flexibilidad psicológica, lo que implica transformar nuestra relación con las emociones a través de dos pilares esenciales:

  • Hacer espacio a lo que sentimos (Aceptación): Antes de intentar cambiar o controlar nuestro estado emocional, aprendemos a dar la bienvenida a la emoción tal y como se presenta. Nos detenemos a identificarla, a observar sus sensaciones físicas en el cuerpo y a permitir que esté presente sin juzgarla ni reaccionar defensivamente, aunque resulte incómoda.
  • Actuar con propósito y significado (Valores): Una vez que nos permitimos habitar el presente, redirigimos nuestra atención y energía hacia acciones alineadas con nuestros valores fundamentales. Nos enfocamos en realizar actividades que realmente sumen a nuestra vida y sean significativas a largo plazo, no porque busquemos tapar un vacío o aliviar una tensión inmediata, sino porque nos acercan a la vida que deseamos construir.

Es difícil apreciar plenamente la vida si nos pasamos el tiempo huyendo de aquello que nos incomoda. No podemos experimentar una vida plena y auténtica seleccionando únicamente las emociones agradables y descartando el resto. Aprender a acoger toda nuestra gama emocional —con la carga que cada una conlleve— nos ayuda a clarificar qué es lo que realmente nos importa y a tomar decisiones más conscientes y valiosas para nuestro bienestar.

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